Alejandra Pizarnik, Poesía y Psicoanálisis
Hablo de mí.
Pasó que cada vez que viajé a Buenos Aires, a participar de algunas jornadas o congresos de psicoanálisis, generalmente organizados por “mi facu”, al volver a la ciudad en la que vivo actualmente, me preguntaba qué era lo que allá, en esas jornadas encontraba, qué era lo que en esos encuentros escuchaba que me hacían sentir felicidad.
En el último viaje que hice , después de escuchar una ponencia de un profesor
y al volver a mi casa y pensar sobre lo que viví , me dí cuenta :
Se trataba, se trata, del encuentro entre Poesía y Psicoanálisis.
Muchas veces en las clases en mis años de estudiante escuchaba sobre este encuentro . Era algo cotidiano escucharlo: Poesía y Psicoanálisis, Arte y Psicoanálisis.
Luego, a los años, ya egresada me mudé a otra ciudad, y esa cotidianidad empezó a faltar. Ahí empecé a extrañar muchas cosas . Y hace unos meses en esas jornadas fue que “caí”.
Caí en que (entre otras muchas cosas) era “eso” lo que extrañaba escuchar, y decidí autorizarme y con humildad, hacer algo con “eso”.
Así pensé en Alejandra Pizarnik, y en la posibilidad de construir un encuentro para leer con otros su poesía, y sus diarios y pensarla y compartir sentires.
Me fui re encontrando y encontrando con videos, películas ,cortos, fotos e historias en diversos sitios de internet.
Tomé fragmentos de sus diarios. Me sorprendí enormemente, me emocioné, me enojé con ciertos personajes ,me sumergí en un mundo intenso ,doliente y tan humano...
Leí la Biografía, y ahí me encontré con otra sorpresa, de la cual creo que al principio renegué no sé bien por qué, y debo a Cristina Piña la generosidad de haberme respondido en un mensajito y haber aclarado mi duda:
Sucede que Alejandra no se llamaba Alejandra, al menos no se llamaba así desde su nacimiento. Su madre y padre la llamaron Flora. Es ella misma que en su adolescencia empieza a “hacerse llamar” Alejandra, a pedir que la llamen Alejandra. Y así fué.
Al leer sobre esto en la bio de Piña entendí bien, es decir, que no se llamaba Alejandra, y que ella se puso ese nombre. Luego renegué, es decir, a pesar de haber entendido pensé que no había entendido, y que ese era su segundo nombre ( de hecho en varias biografías la llaman Flora Alejandra). Pero no. Lo cierto era lo primero.
Esta búsqueda para clarificar esta duda, esta sospecha, de haber entendido pero no, y el seguir buscando, y el que Cristina Piña haya respondido tan amablemente a mi consulta,es algo que atesoro en mí.
Alejandra escribe en sus diarios de un modo semejante a lo que un psicoanalista espera de su paciente en la sesión: “Diga todo lo que se le pase por la cabeza, no se juzgue...” Lo que es la regla principal de la técnica psicoanalítica.
Así escribe Alejandra, por eso es tan fuerte leerla.
Como dice Cristina Piña, el material que va apareciendo parece interminable, siempre aparecen cartas y textos y partes de diarios que no estaban publicados, y que cada vez nos van mostrando nuevas y diferentes y quizás también repetidas facetas de Alejandra. Van transformando “la idea” que muchos teníamos de ella , los pobres prejuicios van cayendo, y su figura se enriquece porque se complejiza.
Aquí transcribo unas palabras de su diario que muestran mucho de esto :
“Pasa que si no escribo poemas no acepto vivir, vivirme.
Pasa que la condición de mi cuerpo vivo y moviente es la poesía. Pasa que si no escribo no me dejo,no me dejaré nunca vivir para otra cosa.
Una noche lo juré. No se trata de fidelidad sino de saber quien soy y para qué estoy aquí. No se trata de obligarme sino de arder en el lenguaje.
Todo es orgullo y locura. Lo es y también la causa de lo que hago con mi cuerpo: castigarlo hasta que diga palabras, es decir poemas.
Yo moriré del método poético que me creé para mi uso y abuso.
Nada menos poético pero nada mas cercano al verdadero lugar de la poesía.
Aún así estoy fatigada y no puedo mas. He de poder. O puedes o revientas. Elige. Yo por mi parte ya no puedo mas”.
En el día de hoy se cumplen 45 años de su muerte.
Aunque creo que vuelve a este mundo ,una y otra vez cumpliendo con sus palabras , que algunxs repetimos a modo de invocación:
“No importa si cuando llama el amor yo estoy muerta.
Vendré.
Siempre vendré
si alguna vez
llama el amor”
Y somos muchxs lxs que con algún modo de amor la llamamos.
(Alejandra y su mamá)
Oh, Alejandra. Hay un libro muy lindo llamado Cartas, y que es la correspondencia entre ella y León Ostrov. Saludos, muy bueno tu blog.
ResponderBorrarGracias Jorge.
ResponderBorrarEscuché del libro pero aún no lo leí.Saludos!